martes, 14 de julio de 2015

Otra vez verano

Porque es verano,
y en verano hay que escribir cien poemas al día 
para no sentir que se pierde el tiempo
y para recordar a ese o a ese otro chico 
que vive en una ciudad equivocada 
y evitar que su nombre se extravíe
en el agua con cloro de la piscina 
o en el hormiguero a los pies de la toalla. 
Ese nombre impronunciable para una boca así como la mía,
acostumbrada a las cosas fáciles y dulces, 
que se disuelven rápido, 
que se derriten al tocar la lengua y luego el cielo.
Como si tuviera un sol en la campanilla irradiándolo todo. 
Como un helado.
¿Ves? 
Otra vez me pongo a pensar en el verano y otra vez olvido tu nombre. 
¿Cómo era? 
¿Cómo eras? 

Tu nueva amiga

Detesto a tu nueva amiga.
La detesto.
Le tiraría una bola de barro con lombrices.
-¿Cuál es la diferencia entre lombrices y gusanos?-
Le daría una manzana envenenada llena de gusanos que la hiciera dormir para siempre.
Eso también lo haría.
Y peor aún,
que solo un beso de Shakespeare pudiera despertarla.
Pero Shakespeare está muerto.
Igual que ella.
Mira,
la mato,
PUM,
muerta.
Qué fácil ha sido.
Ahora ya no dirás
conocí-a-una-chica-que-escribe-como-tú
quedamos-me-cae-bien-mejor-que-tú
Odio a tu nueva amiga
y en vez de matarla 
le escribo un poema.
Mira,
mejor me mato,
PUM,
muerta.

domingo, 5 de julio de 2015

luna lunera cascabelera

Tú fotografías la luna sobre el cielo de tu ciudad
y dices "mira, la luna".
Yo fotografío la luna sobre el cielo de mi ciudad
y digo "mira, la luna".
Y tus amigos se asoman a las ventanas de tu ciudad y miran la luna.
Y mis amigos se asoman a la ventanas de mi ciudad y miran la luna.
Y la foto no es la misma,
ni la ciudad es la misma,
ni los amigos son los mismos,
ni tú y yo somos los mismos,
pero la luna,
eso sí,
tu luna y mi luna
son la misma.

Y quizás algún día
la foto,
la ciudad,
los amigos,
nosotros,
también sean los mismos.